Condiciones laborales y desigualdad estructural

RESUMEN EJECUTIVO

El trabajo doméstico asalariado constituye uno de los pilares invisibles del bienestar social en España. Más de medio millón de mujeres (en su mayoría migrantes) sostienen la vida cotidiana de miles de hogares, garantizando el cuidado de personas mayores, dependientes y menores. Sin embargo, este sector esencial continúa marcado por la precariedad estructural, la desigualdad de derechos y una profunda invisibilización institucional.

Pese a los avances introducidos por el Real Decreto-ley 16/2022, que reconoció por primera vez el derecho a desempleo y al FOGASA, las trabajadoras del hogar siguen sin disfrutar plenamente de las mismas garantías que el resto del trabajo asalariado. Las condiciones laborales permanecen atravesadas por salarios por debajo del SMI, cotizaciones irregulares, jornadas excesivas o fragmentadas, exclusión de la prevención de riesgos laborales y despidos sin causa acreditada.

La economía sumergida, que afecta al menos al 36% del sector, agrava la vulnerabilidad y priva a miles de trabajadoras de prestaciones básicas. Detrás de esta informalidad persiste una lógica estructural: el hogar como espacio laboral de excepción, donde el derecho laboral se suspende en nombre de la privacidad.