El estudio analiza cómo el coste de la vivienda y de los espacios de actividad pueden afectar a la continuidad de los negocios.
Madrid, octubre de 2026
CIAE ha presentado el informe “Impacto de la presión inmobiliaria en el trabajo autónomo en España.”, un estudio que propone ampliar la forma habitual de analizar la cuestión inmobiliaria y examinarla también desde su dimensión productiva. Según la organización, el acceso al espacio no condiciona únicamente dónde vive una persona, sino también dónde puede emprender, trabajar, mantener una actividad, contratar, invertir o transmitir un negocio.
El Informe parte de una idea central: el precio del inmueble, por sí solo, no permite medir adecuadamente la vulnerabilidad de una actividad económica. CIAE plantea que resulta necesario observar el esfuerzo que representa el espacio sobre la capacidad económica real del negocio, su dependencia de una determinada localización, la estabilidad contractual y la existencia de alternativas efectivas: “La cuestión inmobiliaria también es una cuestión productiva. Para una parte importante del trabajo autónomo, el local, el taller, la consulta, la oficina, la nave o incluso la propia vivienda actúan como una infraestructura necesaria para desarrollar la actividad”, señala CIAE en la presentación del estudio.
Una de las principales aportaciones conceptuales del Informe es la denominada “doble presión inmobiliaria”. CIAE utiliza este concepto para describir la situación en la que una persona autónoma soporta simultáneamente la presión del mercado residencial y la del espacio empresarial. Aunque ambos costes pertenecen a esferas distintas, pueden converger sobre una misma capacidad económica: el incremento del coste de la vivienda reduce renta y ahorro disponibles, mientras que el aumento del coste del local o espacio profesional reduce margen empresarial, inversión y capacidad de respuesta.
El Informe insiste en que el cierre constituye un indicador tardío. Antes de que una actividad desaparezca pueden producirse señales de deterioro menos visibles: “Una actividad puede seguir abierta y cumplir sus obligaciones, pero hacerlo a costa de invertir menos, contratar menos, trabajar más horas o consumir ahorro. Por eso pagar el alquiler no equivale necesariamente a poder sostener el negocio en condiciones saludables”, explica CIAE.
CIAE señala también que la presión inmobiliaria puede afectar al empleo sin necesidad de destruir puestos de trabajo existentes. El impacto puede aparecer en contrataciones aplazadas, vacantes que no llegan a abrirse, sustituciones no cubiertas o tareas que termina asumiendo personalmente la persona titular. El Informe examina igualmente el efecto sobre el emprendimiento y el relevo generacional: “La viabilidad de permanencia y la viabilidad de entrada no son lo mismo. Un negocio puede haber funcionado durante años bajo unas condiciones inmobiliarias que no están disponibles para quien pretende continuarlo”, subraya CIAE.
Según CIAE, la principal aportación del Informe consiste en incorporar el espacio como una variable económica transversal. La organización considera que incorporar esta dimensión a las políticas de vivienda, urbanismo, comercio, emprendimiento, empleo y trabajo autónomo permitiría detectar antes los problemas y ajustar mejor las respuestas públicas a cada territorio y actividad: “El objetivo no es afirmar que todo problema empresarial sea inmobiliario, sino identificar cuándo el espacio deja de ser una simple partida de gasto y empieza a suponer un problema para la continuidad del negocio”, concluyen desde CIAE.